RESEÑAS


“114 relatos cortísimos” de Mari Conejero por: Ramón G. Medina

“114 RELATOS CORTÍSIMOS” de Mari Conejero
Por Ramón G. Medina

 Hay libros que llegan a uno sin esperarlos. Es el caso de “114 Relatos cortísimos” (Ed. Devenir, 2015) de Mari Conejero. Uno toma el libro y lo mira. Es un tomo pequeño que no asusta por su tamaño. Lo abre por su primera página y lo observa con cierto mimo, porque es un libro que se presta a primera vista para un rato de lectura sutil, disfrazada de cierto entusiasmo de niñez, y se engolosina mientras lo lee.
Me recuerda su tacto, al abrirlo, el primer tomo de “Platero y yo” que tuve en mis manos, hace ya muchos años. Uno recuerda aquella lectura tan amena y peluda. Y empieza a leer su primer relato: “Un día perdí mi diábolo”. Y de entrada, se encuentra con una edad verdaderamente juvenil y diáfana. Entrada fresquísima y llena de ilusión o ensoñación irrecuperable por los lustros del tiempo. Casi coloreada de una feliz entrada de año nuevo. Lo que se espera con una nueva emoción. Los ojos de los niños parecen que endulzan el ambiente ensoñado. Es una edad pobre, de un tiempo de pobreza inevitable, y sin embargo, llena de fantasía diabólica. “La cuerdecita de los palos se te enredaba a menudo y…” una imagen casi reciente le llena a uno los ojos.


Un campo de batalla. Por Lourdes Ortiz

No sé si son tiempos o no para la lírica. Lo que sí sé es que la voz del poeta no se apaga. Brota como el manantial en tierras áridas o en la más alta montaña, fresca y limpia, a borbotones o bajo control, cuando la mano del hombre y su pericia la domina y la controla. Desde el comenzó de los tiempos el hombre canta, busca el juego rítmico para expresar anhelos, sentimientos o para contar los deseos del dios, que construye para calmar sus miedos. Desde el hechicero que entona su cantinela hasta el último, cercano, poeta contemporáneo. El poeta, el cantor ha expresado así a través de los tiempos su  ligazón con las historia, con los mitos, la epopeya, como es el canto guerrero,  dedicado a las hazañas de los héroes o a las correrías  de los dioses, que él crea con su verbo y entroniza y venera.


Albaro Tato sobre "Manual de literatura" de Javier Huerta Calvo

LEER COMO AVENTURA
SOBRE MANUAL DE LITERATURA DE JAVIER HUERTA CALVO
Álvaro Tato
 
 
No sé si resulta exagerado o pesimista afirmar, como Quijano, que atravesamos una edad de hierro de la cultura, pero quienes vivimos la realidad española desde las trincheras del teatro, la literatura o la enseñanza, asediados por presupuestos exiguos, subvenciones frugales, demoras de pago de instituciones y entidades gestoras de derechos de autor, nepotismos de toda índole, desidia popular, impuestos humillantes y sistemático desdén y ninguneo por parte de los medios de masas, nos sobran motivos para considerarnos herederos remotos de edades de oro y plata, como las Españas que soñó el humanismo, o el 98, o el 14, o el 27, o el largo etcétera de artistas e intelectuales confinados a las sombra abrupta después de arrojar tanta luz sobre un país maravilloso y autodestructivo. 
Menos mal que en nuestros tiempos hipertecnificados, mediatizados por pantallas, vigilados por cámaras, condenados a consumo perpetuo y presos de una banalidad biempensante, homogeneizadora y descafeinada, quedan refugios liberadores donde es posible la complicidad de la inteligencia, el regocijo de compartir la emoción o la sonrisa y la serenidad felizmente antiegótica de la verdadera cultura: la vida vuelta palabras, pensada y vivida desde nuestra lengua madre.
Estos refugios frágiles son aún de papel, no se enchufan ni se quedan sin batería; no los vigilan ni almacenan, espero, grandes multinacionales en sus bases de datos; las pocas palabras que contienen están pensadas, medidas y ritmadas para decir con justeza las verdades del cada uno que somos todos, de boca a oído; las verdades de humanos que se resisten a dejar de ser personas, que se expresan y se conciben desde su juicio y su conciencia.


Reseña de Daniel Alcoba: El Sexto Sentido de Silvia Rins

El Sexto Sentido de Silvia Rins.
Por Daniel Alcoba
Dibujo de Antonio Beneyto
 

 La voz cantante de Apología de las Sombras, de Silvia Rins, nos informa en el primer poema en prosa del libro, que fue uno de aquellos hombres encadenados a la cueva y que escribe para explicar –a los lectores, claro está– La Verdad. Lo que es, con mayúsculas, que al final del poema prólogo, cuando sepamos que el pobre diablo está muerto y sólo puede atestiguar acerca de dicha verdad, sabremos que no se trata de la que postulan la razón o la filosofía, sino la que intuye la poesía, y percibe con vista, tacto, gusto, olfato y oído, la propia existencia.


Reseña de Alfredo Río Bolea sobre "Apología de las sombras" de Silvia Rins

Apología De Las Sombras, de Silvia Rins
Por Alfredo Río Bolea

Asistí por recomendación de una amiga, a la presentación en la librería Documenta del libro de Silvia Rins, Apología de las Sombras. Silvia, que era una total desconocida para mí, se presentaba rodeada de tres pesos fuertes en los estudios literarios. Personas que como ella hacen de la filología y del estudio del fenómeno literario, su sacerdocio.

Es importante, en tiempos como los de hoy, –cuando las ediciones se multiplican hasta lo innumerable–  saber quiénes avalan la presentación de un libro. No quiero decir que no existan libros huérfanos, –o mejor dicho libros a la alfonsina– con buenos contenidos. En el caso de Silvia, era una garantía el editor Juan Pastor y la Editorial Devenir. Pero si además los presentadores son José Maria Micó, catedrático de Literatura en la Universidad Pompeu Fabra (del cual yo acababa de seguir un curso virtual de poesía) y el catedrático de Literatura de la Universidad de Barcelona, Jordi Virallonga, a quien relacionaba con las versiones castellanas de Salvat-Papasseit (entre otras), era seguro que el libro de Silvia no era huevo batueco como decimos en mi pueblo.


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