En busca de Aurora de Albornoz


Por José Luis Argüelles

HACIA TODOS LOS VIENTOS
El legado creativo de Aurora de Albornoz
De Begoña Camblón
 
Apenas veinte años después del fallecimiento de Aurora de Albornoz (Luarca, 1926), al lector de poesía le resulta difícil encontrar  cualquiera de los libros de creación de la autora asturiana y hasta hay algún título que permanece inédito. Es más, ni tan siquiera tenemos una bien preparada antología que ofrezca una idea cabal de una obra que por muchos motivos, desde los estrictamente literarios hasta los biográficos, posee un notable interés para conocer en toda su complejidad y detalle la literatura española de la última mitad del siglo XX. Paradójicamente, algunos de sus estudios más citados, como el que dedicó al poema Espacio, de Juan Ramón Jiménez, alcanzan precios 
muy elevados en el mercado de los libros de segunda mano, una anomalía que también dificulta el acercamiento de las nuevas generaciones universitarias a unos trabajos críticos del máximo nivel, según acuerdo general de los especialistas. Dicho de otra manera, la escritora -“un caso paradigmático del exiliado que se siente fiel a sus raíces”, en palabras de José Luis Abellán- goza de prestigio en amplios círculos académicos pero sin que su obra creativa haya despertado una necesaria atención. 
De ahí la importancia del exhaustivo y perspicaz trabajo que ha hecho Begoña Camblor (1980) en Hacia todos los vientos. El legado creativo de Aurora de Albornoz, que acaba de publicar la editorial Devenir y donde la filóloga entreguina ofrece las conclusiones de su tesis doctoral sobre la autora de las Canciones de Guiomar o las Cronilíricas. La joven investigadora plantea en el último capítulo de este imprescindible estudio una pregunta necesaria e inquietante a la vez, una de esas incómodas interrogaciones que obligan a buscar respuestas y a admitir las insuficiencias y parcialidades con las que se amasa el cuadro general de la cultura española: ¿Por qué se ha “eliminado” a Aurora de Albornoz del canon de la poesía española del siglo XX? Y ofrece algunas respuestas que llevan aparejado, junto con el argumentado intento de reivindicar la figura literaria de la escritora asturiana -con todos sus matices y a partir de la explicada comprensión de cada uno de sus títulos-, un serio cuestionamiento de los criterios con que viene elaborándose ese mismo canon.
Begoña Camblor señala, en este sentido, que “la misma idea de canon” (para Harold Blomm, el canon está formado por aquellos libros que un lector debe conocer en el momento de la historia que le ha tocado vivir) implica, por definición, una selección y jerarquización que impide la “acumulación de propuestas, de opciones demasiado diversificadas y, siempre, de todo aquello que resulta fronterizo, que no forma parte de un solo espacio o tradición cultural”. A juicio de esta investigadora, para quien es claramente injusto mantener fuera de la historia de la literatura a aquellos autores que no se ajustan a los “parámetros explicativos que se han ido consolidando o socializando”, la obra albornociana, una creación que es fruto de ese “espíritu fronterizo” de su autora, no ha sido ni es convenientemente valorada al sumar demasiados elementos que chocan con los presupuestos canónicos seguidos hasta ahora por críticos e historiadores de la literatura a la hora de confeccionar el listado preferente de los nombres de la llamada “Generación del 50”, a la que pertenece Aurora de Albornoz.
La remoción del canon es siempre una tarea ardua. Begoña Camblor lo intenta. Detrás de su estudio hay un sobresaliente esfuerzo por “buscar el espacio de originalidad” de Aurora de Albornoz, pero también las conexiones de la obra literaria de la luarquesa con su tradición lírica (Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o Unamuno, por citar sólo tres nombres) y sus enlaces con algunos de los autores de su tiempo o de las promociones posteriores. Así, el libro sigue las evoluciones de la poesía española posterior a la Guerra Civil, hasta los años 90 del pasado siglo. La investigadora, que en la actualidad trabaja en la Universidad Camilo José Cela, encuentra en la lírica albornociana, donde tan clara es la fusión de discursos y géneros, el hilo y la madeja de una manera de entender el poema que arranca de sus maestros mayores, pasa por la poesía social, recoge alguna de las aportaciones de los novísimos y llega, incluso, a compartir muchas de las posiciones de los autores del grupo granadino de la “otra sentimentalidad”.
La valentía del libro de Begoña Camblor está en su planteamiento de fondo: ¿Por qué algunos autores caen en el olvido, pese a sus evidentes valores, y otros no? La peripecia vital de Aurora de Albornoz ofrece claves importantes para entender su caso. Nació en una ilustre e ilustrada familia de Luarca que tiene entre sus miembros, junto a otras figuras destacadas, un premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa de Albornoz, o un ministro de Fomento y Justicia, Álvaro de Albornoz, presidente de la República en el exilio de París. La escritora, una tenaz antifranquista, salió de España en 1944, junto a sus padres y hermana, con rumbo a San Juan de Puerto Rico, donde se relacionó y benefició del magisterio de algunos relevantes exiliados (Juan Ramón o Pedro Salinas) y participó activamente en la vida cultural y política de su país de acogida. Es una autora, pues, que cabe incluir en el grupo de españoles “transterrados”, según la palabra y el concepto acuñados por otro asturiano, el filósofo gijonés José Gaos. La escritora regresó a España con carácter definitivo en 1968. A la par que desarrollaba su labor crítica y creativa, creció su compromiso con la oposición a Franco, una actitud que desembocó en una estrecha colaboración con el PCE. Hay quien la recuerda, vestida con un visón y con una humeante boquilla entre los labios, voceando “Mundo Obrero” por las calles de Luarca, como si fuera una “marquesa republicana”, se ha dicho. Caballero Bonald escribió en el prólogo de Cronilíricas, libro editado también por Devenir en 1991 y hoy agotado: “…una escritora que supo en todo momento hacer compatible una noble actividad política y un admirable trabajo creador”.
Hacia todos los vientos. El legado creativo de Aurora Albornoz es un muy serio intento de revalorizar esa obra a la que se refiere Caballero Bonald y una fundamentada petición para que reconsideremos las causas del silencio que pesa sobre la poesía de Aurora de Albornoz, en quien otros estudiosos del período no ven más que un interesante ejercicio de epígono. Begoña Camblor acredita razones de peso para que empecemos a leer a la autora asturiana sin las anteojeras de los prejuicios.