Ricardo Ruiz Nebreda: Bouza, un genio inmortal


Antonio L. Bouza y Antonio Beneyto nuestros autores de referencia para el 2021

El patronato de la Fundación Devenir, Poesía y Ensayo, en su reunión ordinaria del día 30 de diciembre de 2020, aprobó por unanimidad que, en el marco de las celebraciones del cuarenta aniversario del proyecto Devenir, Antonio L. Bouza y Antonio Beneyto sean los autores de referencia en cada una de las manifestaciones públicas y actividades programadas por la Fundación a lo largo del presente año 2021. Ambos autores han sido testigos y en varios momentos protagonistas y parte de nuestro proyecto, y cuyo fallecimiento de ambos autores, tuvo lugar a lo largo del cuarto trimestre de 2020.

Hoy este recuerdo y homenaje, nos lo trae un texto del también poeta y escritor burgalés Ricardo Ruiz Nebreda, que periódicamente iremos renovando y actualizando con nuevos y sucesivos textos..

Bouza, un genio inmortal

Por Ricardo Ruiz

La muerte de un escritor admirado siempre nos produce una doble sensación. La primera es de dolor y tristeza; la segunda, de consuelo por el legado que deja ya que lo que diferencia a un escritor del resto de mortales es precisamente eso: la inmortalidad, la perdurabilidad, la permanencia de su obra. Hace escasos días, en los estertores de este año pandémico e infernal que al fin agoniza, se marchó para no volver Antonio L. Bouza, figura capital y referente de primera magnitud en el ámbito literario. Y desde el preciso momento en que su vida dejó paso al ritual de las necrológicas quienes le respetábamos mucho y le admirábamos aún más comenzamos a echar mano de la maquinaria de la memoria para enumerar, cuantificar y rendir tributo a su descomunal aportación a la historia de la literatura en los últimos cincuenta años.

Iconoclasta, irreverente, desmitificador, versátil, polifacético, heterodoxo, innovador, subversivo, osado, libérrimo, visionario o provocador son algunos de los muchos calificativos que en los últimos días han circulado por el mundillo cultural para retratar el perfil de un autor que se permitió dinamitar los cánones literarios para rebasar los límites de la creación. Adjetivos todos ellos han acertados como insuficientes porque Bouza, Manolo para los amigos, era además ingenioso, divertido, lúcido, sagaz, rebosante de talento, fustigador de mezquinos y envidiosos provincianos, amén de fiel a su universo creativo.

Si a un artista se le exige que cree su propia identidad, hablar de Bouza es hablar de un estilo, de una categoría, de una marca literaria. El mundo cultural estará siempre en deuda con este literato que desde Burgos, ciudad de adopción de este escritor nacido palentino, alumbró en los años 70 del siglo pasado la emblemática revista Artesa como refugio y catapulta de creadores de renombre nacional e internacional. ¡Casi nada! Esa osadía sólo está al alcance de tipos tocados con el don de la genialidad para, desde la periferia cultural de una ciudad de provincias, capitanear una maravillosa aventura poética por la que navegaron nobeles y noveles. Algo sólo permitido a esos genios que aterrizan de vez en cuando en la tierra para hacer el mundo más bello, más habitable, más humano.

Quienes le admirábamos sentimos una profunda orfandad porque la poesía, el arte, la crítica literaria, el teatro o el ensayo han perdido a un ser único e irrepetible que se permitía el lujo de ser tan pícaro y frívolo como reflexivo y hondo, tan íntimo como generoso, tan sabio y docto como vanguardista y experimentador.

Ahora Manolo está en ese lugar donde solo caben los inmortales para que el resto de mortales peregrinemos cada día a rendirle pleitesía, pedirle consejo literario o devorar su vasto legado para encontrar un destello, un alumbramiento, una epifanía solo reservada a esos seres cuya luz puede alumbrar nuestras vidas. Sí, porque Manolo Bouza es ese genio inmortal que sólo cada cierto tiempo aparece en el universo de los pobres mortales.